El viaje del emprendedor: mares inciertos

 

Decidir emprender es como lanzarse a mar abierto.

Caminamos ida y vuelta sobre el muelle hasta que al fin decimos: hoy es el día, me voy a navegar!  La primera pregunta que llega a nuestra mente es.. 

¿qué necesito para lanzarme a emprender?

1. Una nave acorde a nuestros recursos y habilidades (si eligiéramos un barco crucero probablemente nos hundiríamos pues no sabemos conducirlo).

2. Provisiones adecuadas: conocimiento, inversión inicial, trabajo duro. 

3. Y marcar el rumbo: dónde estoy y adónde quiero llegar.

Subimos al velero y nos lanzamos a navegar. Como cualquier viaje en velero, trabajamos en equipo, primero, con nuestro equipo interno. El miedo que dice que todo va a salir mal, pero también te advierte de los peligros.

La intuición que te dice que aunque parezca una locura, la decisión es la correcta. El ego que te hace pelear con todos pero defiende tu idea de los que no quieren dejarte salir de la zona de confort. Y el amor, esa sensación linda que te hace sentir satisfecho y orgulloso.

Es fundamental darles un rol dentro del velero para que no hagan cualquier cosa ni hablen todos al mismo tiempo. Ponlos a trabajar para ti si quieres que tu idea llegue a buen puerto.

Sigues navegando. Se acerca la tormenta. Miedos a 200 km p/h. Lluvias de secretismo (nadie me dice nada!) . Y Olas de 3 metros de “no se qué hacer”.

Superas la tormenta, sale el sol, llega el calor, saltas al agua por un baño renovador, nadas, ves peces de colores, en fin… disfrutas los placeres del viaje: la satisfacción de haberte animado, de hacer lo que te gusta y de tener un rumbo.

Otra vez en el velero, ves a la distancia una isla paradisíaca.  Y claro, cambias el rumbo hacia allí.  (Por distintas razones el emprendedor siempre vira).

Llegas a la isla, vendes como loco, todos te felicitan por tu proyecto, recibes aplausos y halagos. Todo parece ir increíblemente bien. Hasta que el agua empieza a subir y la isla a desaparecer. Vuelves a marcar el rumbo. Recalculas, y sigues navegando.

Empiezas a ver muchas naves a tu alrededor, barcos crucero, catamaranes, otros veleros, yates. Todos yendo en la misma dirección y desestabilizando tu velero.  La pregunta es… ¿sigues allí o eliges un camino alternativo?

Te alejas de todos los demás y tomas tu propio camino. Te adentras a una zona totalmente incierta.

El camino alternativo no será fácil. Habrá corrientes, tiburones, inseguridades, ganas de retroceder, pero sin duda tendrá sus ventajas: atardeceres que nadie más ve, show de delfines, poder vivir bien de lo que amas y marcar el camino para que otros se atrevan.

Sigues navegando en busca de tus objetivos y un día te das cuenta de que los alcanzas, llegas al siguiente muelle.  Te sientes feliz, y ya no eres la persona temerosa que caminaba ida y vuelta en el muelle de salida.

Ahora has aprendido, sabes lo que puedes hacer y cómo hacerlo.  Por eso  ahora la pregunta es:

¿Te vas a quedar en este muelle sabiendo que hay nuevos rumbos que navegar?