¿A quién pertenece la idea?

 

Había una vez una idea muy pequeña, que como todas, se paseaba por los caminos del éter. Las ideas más viejas ya le habían contado de qué iba la cosa. Tenía que elegir una persona, viajar hasta ella y esperar para ver si esta persona se animaba a hacer algo al respecto. 

La idea pequeña estaba súper ilusionada, tenía el potencial suficiente para viajar, llegar hasta la mente de una persona y resonar. Ya le habían advertido que muy pocas ideas pequeñas lo logran en el primer intento.

La idea se preparó, eligió una persona, viajó e impactó en su mente. En los primeros momentos la idea vio a esta persona buscar información, contarle a sus amigos y conocidos lo que “se le había ocurrido”, incluso darle vueltas para hacerla crecer. La idea estaba feliz. Pero después de unos meses, la persona dejó de alimentarla, se llenó de miedos, de excusas, de cosas “urgentes” hasta que la idea ya no pudo resistir y tuvo que abandonarla.


La persona siguió con su vida, las cosas en la oficina, la familia, etc. La idea ya estaba de vuelta en los caminos del éter, un poco desilusionada pero juntando fuerzas para volver a aterrizar en la mente de alguien más. Al cabo de unos años, esta persona recibe como regalo de cumpleaños algo que le suena familiar. Y lo primero que dice es: “Esta era mi idea, por qué no la hice real”


“Cuando una idea nos elige, nos está dando la oportunidad de hacerla real. Si la dejamos pasar, otros la llevarán a cabo. Porque en definitiva, las ideas son de quienes las hacen reales”